Crítica y marxismo

Adolfo Sánchez Vázquez



El domingo 2 de marzo del año en curso, se presentó en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería la reedición de Discurso crítico de Marx de Bolívar Echeverría, por tal motivo, rescatamos la presentación de Adolfo Sánchez Vázquez a la primera edición del libro, que leyó en ese mismo recinto el 6 de marzo de 1987.


El discurso crítico de Marx

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Permítanme iniciar mi intervención en esta presentación del libro de Bolívar Echeverría, El discurso crítico de Marx, recordado que hace ya tiempo que conozco a Bolívar Echeverría desde que pasó por mis clases y seminarios dejando una firme huella. Y que después he seguido de cerca sus ejemplares traducciones y sus textos diversos, escasos y densos pero ricos en ideas y creativos.

Hace tiempo también que valoro altamente su labor en esos diversos campos por su espíritu crítico y antidogmático y, finalmente, hace tiempo también que los que conocíamos su capacidad y sus frutos lamentábamos que Bolívar Echeverría no fuera más audaz y pródigo extendiendo en un libro, más allá de sus seminarios y colaboraciones, a un sector más amplio de lectores –aunque en México desgraciadamente no es lo suficientemente amplio– el resultado de sus investigaciones.

No entro ahora en las causas de esta demora en ofrecernos el libro que nos debía. ¿Exceso de autocrítica o de autocensura? ¿Exceso de voluntad perfeccionista? ¿Cierta confirmación del contraste habitual en América Latina entre los raudales –a veces verdadera diarrea– de la producción poética y la producción parca, contenida e inhibida en la investigación y el ensayo?

Sea cual fuera la causa, saludemos la publicación por Ediciones Era, de los trabajos incluidos en El discurso crítico de Marx. Ciertamente, no se trata de textos desconocidos. Pero, independientemente de lo que repercutan para ellos el contacto con un nuevo círculo de lectores, siempre un texto disperso en una revista al formar parte de un todo nuevo cobra una nueva dimensión. Los trabajos recogidos en el volumen permiten considerarlos como niveles distintos de una evolución de las ideas del autor que culmina en el texto último cronológicamente aunque es el que como “Presentación” abre el libro.

Y cabe preguntarse ¿es el mismo marxismo –este de 1984– que el de los textos restantes que arrancan de 1975? ¿Se rompe la línea de su pensamiento; cae a veces en contradicciones? Tal vez lo uno y lo otro. Pero considerados estos textos dentro del movimiento de ideas en que se insertan, digamos, apelando a una categoría cuyo significado para el autor se revelará en la “Presentación” misma; se cambia una sustancia que adopta formas diferentes. Lo cual es propio de todo pensamiento vivo, y, por tanto, puesto que vivo está para el autor, del marxismo.

Hay, pues, coherencia, unidad, no obstante los cambios y contradicciones del camino. Ya con esto estamos planteando una serie de cuestiones que afectan al marxismo desde el enfoque del autor. Porque todo lo que en el libro se aborda el proyecto sobre un fondo polémico actual que es de la vigencia misma del marxismo, o de lo que se ha dado en llamar –casi siempre con un tono funeral– la “crisis del marxismo”.

De los textos del libro me interesan sobre todo –lo que no quiere decir que sean los más logrados– aquellos que tienen que ver más directamente con este fondo problemático. Mi lectura es, pues, una lectura interesada, y ¿cuál en definitiva no lo es? Me interesan del libro aquellos –como el titulado “El materialismo de Marx”– en que se precisa lo que por creerse muy sabido, con frecuencia es lo más olvidado: el proyecto teórico-práctico de Marx. Volver sobre él es indispensable para desgarrar ese telón de fondo que hoy muchos llaman “crisis del marxismo”.

Este texto de Bolívar “El materialismo de Marx”, fechado en 1976 me atrajo desde su aparición. Es una interpretación muy penetrante de las famosas Tesis sobre Feuerbach. Mi interés puede explicarse fácilmente tomando en cuenta que siempre he visto en ellas el viraje radical del pensamiento de Marx que se vuelve así no solo una filosofía de la praxis sino un elemento indispensable del proceso de transformación revolucionaria del mundo como nueva práctica de la filosofía. El texto de Bolívar es una de las interpretaciones más lúcidas y agudas de las Tesis en cuanto hace transparente la médula del marxismo como actividad teórica constitutiva de la praxis.

Muchas de las interminables disputas sobre el Marx ideólogo, revolucionario o científico, o sobre subjetivismo y objetivismo, se podrían disolver si se partiera de una justa interpretación –como lo que nos ofrece Bolívar– de las Tesis. No se puede dejar de reconocer la fecundidad de sus análisis al agruparlas en los temas predominantes: el carácter práctico de la teoría marxista; la determinación de las configuraciones de la sociedad como problemática específica de esa teoría y el concepto de transformación social en el que se unen disolublemente los aspectos teórico y práctico.

Por razones análogas a las anteriores –o sea, la de precisar el proyecto de Marx, incluso el término “proyecto” es sospechoso para los que hacen de Marx un científico entre otros– me ha interesado el ensayo titulado “Defensa del discurso crítico”, en el que se subraya su carácter crítico que engloba el de revolucionario por ser científico y el de científico por ser revolucionario.

Sección importante del libro que nos ocupa es justamente la obra de Marx que ha servido –como todos sabemos– para armar una interpretación cientificista que opone el joven al maduro Marx. Nos referimos, por supuesto, a El Capital.

En los tres trabajos que en el libro se dedican a él, o sea: “Esquema de El Capital”, “Valor de uso y plusvalor” (entre paréntesis: ¿por qué no plusvalía”?) – y “Clasificación del plusvalor”, el rigor, la coherencia que no se logran con una claridad engañosa se confirma la unidad indisoluble de los dos aspectos antes mencionados del pensamiento de Marx. El Capital –nos dice Bolívar– es “el discurso que entraña la desmitificación” de esa realidad. Puede comprenderse por ello que El Capital fuera para Marx no una simple sucesión de enunciados científicos sino un “proyectil” –la expresión es de Marx– arrojado a la cabeza de la burguesía. Los textos de Bolívar nos hacen ver a un Marx como él se veía a si mismo, y nos lo hace ver tanto más claramente cuanto más rigurosos son.

Hay otros textos del libro que inciden más directamente en los problemas de la teoría y la práctica política. Tal es el que consagra a Rosa Luxemburgo y a sus interpretaciones opuestas que ponen sobre el tapete interrogantes que lejos de perder vigencia están hoy como ayer en el centro de la política revolucionaria: la relación entre conciencia y espontaneidad y entre dimensión nacional e internacionalista.

Hemos asistido en las décadas últimas al naufragio de dos concepciones de la primera de esas dos relaciones: la leninista de la exterioridad de la conciencia, y la del mito de la espontaneidad pura de las masas. En cuanto a la segunda relación –entre la dimensión nacional e internacionalista de la lucha– hemos visto también su naufragio al suplantar la autodeterminación nacional por un nacionalismo de vía estrecha, o sea, burgués, y el internacionalismo por la fidelidad incondicional a un Estado nacional, que se proclama socialista.

Bolívar rinde el debido tributo a Rosa Luxemburgo al tratar de librarla de las sospechas –para algunos evidencias irrefutables– de espontaneísmo y de olvido de la “autodeterminacional” en nombre de un internacionalismo abstracto.

Pienso que Bolívar consigue su objetivo de salvar a RL de las acusaciones de defensora del “espontaneísmo” y del “internacionalismo abstracto”. Pero, a mi modo de ver, no es tan sólida su argumentación cuando trata de recuperar el perfil propio de R. Luxemburgo. Para ello habría que citar a Rosa Luxemburgo, puesto que de su vigencia se trata no sólo en el contexto en que luchó y pensó, sino en otro nuevo que no conoció, el de las experiencias actuales en la lucha de los pueblos por su liberación nacional. Tendríamos entonces no solo el rechazo de los mitos que le atribuyen a RL “leninistas” y “luxemburguistas”, sino también un perfil de RL actual que iría más allá de lo que ella misma pensó. Pero la dimensión nacional no es solo la de las nacionalidades que luchan contra el Estado que les oprime internamente –que es la experiencia europea, occidental que RL tomó en cuenta– sino el de las naciones que luchan por su emancipación contra el Estado o imperio que las oprime desde fuera, que es la experiencia que viven hoy los países del Tercer Mundo.

Con todo, en los textos correspondiente del libro de BE encontramos aportaciones originales al rastrear en El Capital indicaciones valiosas para examinar las relaciones entre clase y nación.

Llegamos así a la última cuestión que nos proponemos examinar que tiene que ver con el problema tan vivo hoy, tan controvertido, de la “crisis del marxismo” –aunque en todo el libro se encuentren elementos para delinear la posición de BE– la última palabra en este asunto está al comienzo; o sea, en su “Presentación”.

Bolívar no elude este problema. No sería marxista si lo eludiera, puesto que se trata de un problema real. Qué ha sido y qué es hoy del marxismo. Tal es la grave cuestión.

El marxismo ha sido –nos viene a decir Bolívar, pues no lo cito textualmente– el discurso propio, teórico de una práctica política peculiar en la que la izquierda materializa, un proyecto (el comunismo) para la historia contemporánea. Ahora bien, la triada aquí envuelta: Comunismo, Izquierda, Marxismo está, en crisis, en cuanto que estos términos han perdido vigencia efectiva. Seguimos de cerca de Bolívar. El texto documenta sobre la pérdida de vigencia de cada uno de los términos: la transformación del modelo alternativo de sociedad en “socialismo real”; la incapacidad de la clase obrera industrial para realizar el proyecto y finalmente, la carencia de la teoría al convertirse en la versión predominante como “materialismo dialéctico” o del “materialismo histórico” como ciencia.

Ahora bien, el reconocimiento sin evasiones de esta crisis ¿implica que para el marxismo no puede renacer de esta crisis a la que no escapan con él ninguno de los otros términos de la triada; Comunismo-Izquierda-Marxismo? Tal es la cuestión, cuestión de vida o muerte –diría yo– para un marxista.

Ahora bien –pienso yo– solo puede renacer lo que en su nacimiento ofrece ya algo que ha de subsistir. Y esto es lo que nos ofrece Bolívar: una sustancia en el marxismo que adquiere diferentes formas.

Al abordar este problema, hay que partir del reconocimiento –Bolívar no lo esquiva– de la existencia de una pluralidad de marxismos. Pero, entonces, ¿qué hacer?. ¿Se trata de aceptar eclécticamente unos y otros, o se trata de pronunciarse por uno, lo cual significaría rechazar su multiformidad? La respuesta de Bolívar no consiste en rechazar determinado marxismo o marxismos en nombre de uno que encarnen en verdad conclusa, sino rechazar aquel que congela su multiformidad. Tiene razón. Pero, si la sustancia del marxismo consiste en ser –como dice Bolívar– inacabado, el marxismo que petrifica esa sustancia, que la congela, no puede ser aceptado. Y este es precisamente el marxismo que está en crisis.

En consecuencia, el marxismo que puede renacer hoy es el que lejos de congelarlo en una forma, adopta su multiformidad en una búsqueda inacabada, en que la identidad –incluso en Marx– nunca está dada de una vez y para siempre. Cabe entonces preguntar: ¿y si no hay identidad, como puede haber una sustancia que cambia la forma?

Bolívar trata de rescatar la sustancia de Marx justamente en la heterodoxia de un Korsh, Lukács o Kosík. Pero la sustancia que se pretende rescatar no puede ser algo informe y gelatinoso y por ello Bolívar nos habla de un doble descubrimiento del joven Marx que se reconecta con el renacimiento marxista: el marxismo como discurso crítico. Si el marxismo es estructuralmente crítico, si mina el discurso del poder, digamos por nuestra cuenta, el marxismo se ha acabado en las sociedades del “socialismo real” por haber perdido su potencial crítico y segundo, por la relación del marxismo con lo que llama BE “el terreno crítico central de El Capital: la contradicción entre el valor de uso y valor, entre dos formas de existencia del proceso de reproducción social: una “social-natural” y otra histórica, capitalista.

Creo que se puede buscar otras claves del renacimiento, sin negar esas dos, a saber: el marxismo como proyecto de emancipación, basado en un conocimiento de la realidad y como elemento indispensable del proceso de transformación de esa realidad. Esta es la materia del marxismo para mí.

Con todo, Bolívar a lo largo de su libro ofrece elementos para extender la sustancia a estros tres elementos. Proyecto … Contribuye con ello a afirmar que el marxismo (más exactamente cierto marxismo, el de la línea antes señalada) sigue siendo la clave teórica para la transformación de la sociedad: es decir para contribuir –como teoría– a la realización de un proyecto a la vez necesario, deseable, posible. Y aquí está en definitiva la razón de que el marxismo pueda renacer en esta crisis profunda que hoy vive. O sea de que no sea abandonado en aras de un sospechoso marxismo.

Afirmamos, en esta idea contribuye valiosamente el libro de Bolívar.



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